jueves, 9 de septiembre de 2010

PENITENCIAMONTAÑAS: Tarija - Eider Elizegi Telletxea






... Habíamos decidido tomarnos los siguientes días con tranquilidad. Pero tres días después volvíamos a ajustarnos los crampones. Y subir hasta el Tarija fue una penitencia.



Una penitencia, porque cuando entramos en el glaciar y nos dispusimos a cruzarlo, los hielos crujieron una y otra vez debajo de nosotros, haciéndonos temer que se iban a derrumbar bajo nuestro peso condenándonos a la caída en la gelidez del mismo infierno de hielo.



Una penitencia, porque las palas se extendían empinadas y largas y extenuaban nuestros músculos cansados de tantos meses de caminos y Montañas. Una penitencia, porque el glaciar estaba cortado por infinidad de grietas que había que cruzar pasando por encima de delicados puentes de nieve medio arruinados por el sol y el tiempo.





Una penitencia porque la última rampa hacia la cima estaba plagada de penitentes, los primeros por entre los que caminamos en este viaje. Y la cuerda se enganchaba, y el pie no encontraba un lugar plano donde pisar, y las grietas se escondían entre espinas y pinchos de una salvaje y desmarañada vegetación de hielo.



Una penitencia porque, teniendo el caramelo del Pequeño Alpamayo delante, tan cerquita, tan irresistible con su pala y su arista, sus malas condiciones y nuestro cansancio nos persuadieron de no intentarlo siquiera.